Rute en 1939

La información que aportamos a continuación se basa en dos informes anuales emitidos por el Ayuntamiento de Rute, el 5 de agosto de 1938 y el 26 de junio de 1939, tras una petición del gobernador civil de Córdoba. Con ellos se pretendía obtener una visión precisa sobre la situación social, económica y administrativa del pueblo y “corregir las deficiencias” que se observaran. Ejercía entonces de alcalde Román Gómez Sánchez, coronel retirado de la Guardia Civil, y el presupuesto anual del Ayuntamiento en 1939 ascendía a 500.000 pesetas (el jornal diario rondaba las 8 pesetas). Estos dos informes municipales son una pequeña e interesante radiografía de una localidad donde la Guardia Civil, comandada por el teniente Basilio Osado Labrador, había apoyado el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y por tanto se encontraba en la zona controlada por la España franquista desde el inicio de la guerra civil.

Arrieros de Rute en los años treinta del siglo XX.

En 1938 y 1939, Rute mantenía el mismo término municipal y los mismos núcleos poblacionales que ahora, aunque difería en el número de habitantes. Según los informes del Ayuntamiento, la extensión del término municipal abarcaba 12.833 hectáreas. El censo de población de 1935 arrojaba la cifra de 14.749 personas, pero en agosto de 1938 su número se había reducido a 12.749, debido a la ausencia de los jóvenes incorporados al Ejército con motivo de la contienda, los desaparecidos (al menos 49 fusilados y numerosos vecinos huidos a zona republicana) y a las familias que se habían trasladado a otros lugares en busca de trabajo en la recolección del cereal. En junio de 1939, dos meses después de finalizada la guerra, la población era de 13.163 habitantes (1.586 vecinos menos que antes de que comenzara la contienda). En cuanto a la distribución de la población dentro del término municipal, aparte del núcleo de Rute, encontramos a 12 kilómetros la aldea de Zambra, constituida en entidad menor local con parroquia y unos 3.600 habitantes. A 16 kilómetros se localizaba otra aldea, la segunda en importancia, Los Llanos de Don Juan, que albergaba unos 1.000 habitantes. Otros núcleos menores eran Las Piedras, Nacimiento, Portugalejo, Palomares, La Hoz y algunos diseminados más.

Rute era un pueblo eminentemente agrícola, con predominio absoluto del cultivo del olivar, al que estaban dedicadas 6.373 hectáreas de terreno en 1938. Existían también 1.649 hectáreas de cultivo de cereales, 307 de cereales y legumbres, 42 de encinares y cereal, 148 de huertas, 53 de viñas, 2.024 de erial, 1.988 de pastos y 242 de monte. Frente a la importancia de la agricultura, la ganadería constituía una actividad económica secundaria como podemos observar en el número de cabezas de ganado: 178 caballos, 918 mulos, 369 asnos, 8 vacas de leche, 102 vacas de trabajo, 811 ovejas, 766 cerdos y 2.559 cabras. Al lado de Rute convivían dos sierras, la Sierra de Rute y El Lanchar, con una extensión de 1.500 hectáreas de monte pedregoso, arrendadas por el Ayuntamiento en 4.000 pesetas anuales, sin más producción que un poco de pasto para unas 200 cabezas de ganado.

En cuanto a la distribución de la propiedad de la tierra, destacaba el minifundio aunque existía un latifundio en manos del marqués de Valderas, que lo tenía parcelado y arrendado. Las más de 9.000 hectáreas de terreno parcelable que ocupaban el término municipal pertenecían a más de tres mil contribuyentes, la mayoría de ellos pequeños agricultores que después de hacer las labores propias en sus campos se convertían en jornaleros, por lo que encontramos un alto nivel de paro obrero fuera de las épocas de recolección de la aceituna y del escaso cereal. El Ayuntamiento debía preocuparse, por tanto, de la asistencia social para los parados y del tema agrario, así que en los presupuestos de 1939 se consignaron 6.480 pesetas para la Oficina de Colocación Obrera (donde se inscribían los parados en busca de trabajo), 1.000 para seguros sociales y accidentes de trabajo, 1.000 para retiros obreros (jubilaciones), 500 para dotar la Caja del Paro Obrero (una especie de seguro de desempleo), 50 para plagas del campo y 25 para extinción de animales dañinos. Para intentar evitar el paro obrero y colocar a los parados en periodos críticos, al igual que se había hecho en la época republicana se arbitró en 1939 un plan de obras municipales, valorado en 85.000 pesetas, que pretendía la pavimentación completas de algunas calles y la construcción de alcantarillas y saneamientos.

La actividad industrial tenía por entonces muy poco peso en Rute. Destacaban por su número 23 fábricas de anisados (las que existían en 1929 se pueden ver en este enlace) y 66 fábricas de aceite. Además, encontramos dos fábricas de extracción de aceites de orujo, dos fábricas harineras con crecientes dificultades de abastecimiento de harina y trigo, dos pequeñas fábricas de electricidad, varias industrias chacineras de poca importancia, una salina y una fábrica textil parada por falta de hilado de algodón a consecuencia de la escasez de materias primas ocasionada por la guerra.

Rute producía solo una pequeña parte del consumo diario de alimentos que necesitaba la población, por lo que el abastecimiento de los productos venía de fuera. No existía un mercado en un local cerrado, así que la venta se realizaba desde “tiempo inmemorial” al aire libre en una calle, que debía limpiarse después de terminada la actividad comercial. La carne que se consumía tampoco procedía en su mayoría del Matadero Municipal, pues el local no era suficiente para cubrir todas las necesidades ni contaba con un material adecuado. En 1939 había consignado un presupuesto de 14.230 pesetas para su ampliación y para dotarlo de un servicio que posibilitara el sacrificio de toda clase de reses.

Aunque la red de alumbrado eléctrico estaba extendida por todo el pueblo, la falta de material y lámparas causaban deficiencias y falta de luz en varios tramos de calles y plazas. El Ayuntamiento tenía contratado el servicio de alumbrado público de Rute con la Sociedad Eléctrica Industrial Española, cuya fábrica se encontraba en el Río Genil, a su paso por la aldea de El Remolino del vecino municipio de Iznájar. Para el alumbrado público en las aldeas de Zambra y Llanos de Don Juan se había firmado un contrato con la Eléctrica San José, propiedad del ruteño Andrés Villén Cruz, que tenía instalada la fábrica en el río Anzur, cerca de Zambra.

Calle de la Constitución (en 1939 Calvo Sotelo) en los años treinta del siglo XX.

El abastecimiento de agua potable se realizaba a través de pilares situados en sitios estratégicos, desde los que los vecinos, a mano o en bestias de carga, transportaban el líquido a sus casas. El agua procedía de un abundante manantial subterráneo distribuido por un extenso ramal de tuberías. Aparte de este servicio público, existía el abastecimiento particular de agua, en manos privadas, que se vendía a 10 céntimos el metro cúbico. Estaba en estudio en 1939 la traída de aguas de un manantial abundante, que se encontraba un kilómetro más arriba del pueblo, con el fin de crear un nuevo lavadero, ya que el que había presentaba un estado deficiente, y con la intención de regar los jardines públicos, que carecían de agua en cantidad adecuada. La canalización de este nuevo manantial permitiría además dotar de agua potable a todas las viviendas y establecer grifos y contadores en las casas de los abonados, mediante un precio que podría situarse entre 10 y 15 céntimos el metro cúbico. Existían en todas las calles de Rute, según el informe municipal, bocas de riego para incendios, pero carecían de mangueras y útiles para usarlas.

Aunque Rute presentaba una situación inmejorable para la evacuación de aguas residuales, al encontrarse en declive en una ladera de la sierra, varias calles no disponían de alcantarillado general de desagüe y acometidas para aguas residuales, y se echaba en falta un colector para encauzar las aguas negras. Tampoco funcionaba un servicio municipal de recogida de basuras, por lo que en casi todas las casas existían muladares o estercoleros en donde se vertían las brozas procedentes de las barreduras y los desperdicios de las cocinas. La mayoría de las viviendas carecía de retretes inodoros con agua corriente. Las que los tenían evacuaban a la alcantarilla general o a los muladares, que todos los años se desocupaban con la finalidad de usar los restos para abonar los campos.

Los Ayuntamientos debían gastar una enorme cantidad de dinero en asistencia social en aquella época. En 1938 existía un censo benéfico de 1.400 familias pobres con derecho a prestación médico-farmacéutica gratuita —si contamos a cuatro miembros por familia, casi la mitad de la población de Rute—. Sus necesidades se cubrían con la consignación presupuestaria de 32.150 pesetas para pagar los servicios de cinco médicos de asistencia pública domiciliaria, un tocólogo, dos practicantes y dos matronas. Otras 23.000 pesetas se dedicaban a la compra de medicamentos, muy escasos entonces por las dificultades de producción y por las necesidades que había en los frentes de guerra para los heridos en campaña. El suministro se realizaba a través de un farmacéutico titular y de dos farmacias particulares.

Calle Granada (en 1939 Generalísimo Franco) en los años treinta del siglo XX.

Además de pagar medicinas y profesionales sanitarios, el Ayuntamiento aportaba otras cantidades a organismos y entidades asistenciales o benéficas: 2.000 pesetas al hospital Alfonso de Castro, otras 2.000 al Asilo de Ancianos de Juan Crisóstomo Mangas (que se encontraba bajo la protección de los herederos de D. Bernabé Jiménez y con la asistencia de las Hermanas Mercedarias), 600 a la Cruz Roja local, 600 al Auxilio Social —el órgano de beneficencia de la Falange, el partido único durante la dictadura de Franco— y por último 9.268 se ingresaban al Instituto Provincial de Higiene. Había también un colegio de huérfanos, abundantes entonces debido a la miseria, los abandonos de niños y a la guerra, que estaba a cargo de la Diputación Provincial de Córdoba. Respecto a la vivienda para las familias pobres, otra de las graves carencias de la época, el Ayuntamiento no inició la construcción de casas baratas porque los alquileres resultaban moderados en aquel entonces según el informe municipal.

Alumnos de Rute en fecha indeterminada.

En 1939 funcionaban 19 escuelas en el término municipal ruteño: en el núcleo de Rute encontramos siete escuelas de niños y cinco de niñas, en Zambra una de niños y dos de niñas y una mixta, en Los Llanos de Don Juan una de niños y otra de niñas, y una de niños en la aldea de La Piedras. La existencia de escuelas separadas por sexos se explica porque el franquismo eliminó la escuela mixta republicana, en la que convivían niños y niñas, para adaptarse a los preceptos de la Iglesia Católica, que defendía una educación segregada. Había además varias escuelas particulares de niños y niñas y un colegio de segunda enseñanza, denominado Sagrado Corazón de Jesús, a cargo de un sacerdote, un médico, dos maestros y varios bachilleres. Así mismo se creó una escuela denominada de José Antonio y un Centro Filarmónico, ambos regidos por la Falange y subvencionados por el Ayuntamiento. A pesar de la existencia de estos centros primarios y básicos de enseñanza, el Ayuntamiento reconocía que “el grado de cultura es bastante deficiente debido a la cantidad tan creciente de analfabetos”.

Dentro de Rute no había transporte público urbano, pero sí paradas de autobuses. Funcionaba un servicio regular de viajeros a cargo de la empresa ruteña Sánchez, desde Rute a Lucena, con horario de ida a las 7 y a las 18 horas y de regreso a las 14 y a las 20 horas. Estos autobuses enlazaban en Lucena con los trenes y el servicio ordinario establecido por la compañía de autobuses Alsina para Córdoba capital. Aparte de la línea de Lucena había otra hasta Iznájar, con ida a las 16 horas y vuelta a las 17 horas. Ambas, la de Lucena y la de Iznájar, se encargaban también del servicio de conducción de cartas y paquetes de Correos de unas localidades a otras. En cuanto al transporte de mercancías, operaba en Rute una central de la Compañía de Ferrocarriles Andaluces con un servicio de camiones a la estación ferroviaria de Lucena, que era la más próxima y estaba situada a 22 kilómetros.

En el ámbito de la burocracia municipal, las oficinas centrales del Ayuntamiento de Rute las ocupaban 15 empleados: un secretario (el mejor pagado, con un sueldo de 7.500 pesetas anuales), tres oficiales, cuatro auxiliares, un interventor, un oficial de intervención, un depositario, un oficial recaudador, un oficial y un auxiliar de inspección de abastos, y un ordenanza, que era de los que menos cobraba de todos ellos, 2.325 pesetas anuales. En cuanto a los servicios de vigilancia, de policía urbana y de circulación, la guardia municipal la componían un jefe, un subjefe y diez guardias con turnos de noche y de día. De estas plazas, las de un oficial, dos auxiliares, un subalterno y dos guardias municipales estaban ocupadas interinamente, pues sus titulares habían sido depurados en 1936 y expulsados de sus puestos por el gobernador militar de Córdoba debido a su ideología política republicana.

Ayuntamiento de Rute en fecha indeterminada.

La Hacienda municipal de Rute presentaba en aquellos años un estado lamentable, agobiada por las deudas contraída por los Ayuntamientos anteriores (concierto por atrasos al Tesoro Público, la Diputación Provincial, el Banco de Crédito local, el Pósito y la Mancomunidad Sanitaria) y también por las consignaciones forzosas en los presupuestos que se habían incluido por órdenes superiores de la Administración. Los impuestos municipales (rústicos, urbanos e industriales) resultaban insuficientes para afrontar tanto gasto, a pesar de que estaban fijados en el tipo máximo que permitía la ley. La causa de la bancarrota de la Hacienda local, según el Ayuntamiento, no residía únicamente en los enormes gastos, sino en la falta de ingresos, debido a que el término municipal era muy pequeño, con solo unos 3.000 pequeños contribuyentes por el concepto de propiedad rústica, la más importante fuente de financiación para la inmensa mayoría de los municipios. El Consistorio entendía que esta situación podría remediarse en parte con la anexión a Rute de un pago denominado Dehesa de Castil Rubio, perteneciente a Lucena, ya que la mayoría de sus propietarios eran ruteños. Según el Ayuntamiento, la segregación no perjudicaría en nada a Lucena por su enorme riqueza agrícola y la gran extensión de su término, pero sí aliviaría en gran medida la agobiada Hacienda municipal de Rute.

En lo que se refiere al nivel de vida de los vecinos de Rute, en 1939 el Ayuntamiento se manifestaba tan pesimista como valorando el estado de la Hacienda municipal. Presentaba en su informe un panorama de la población desolador, y concluía diciendo, con cierta resignación, que “teniendo en cuenta que el pueblo de Rute tiene un censo de población desproporcionado con su riqueza y sobre todo con la extensión de su término” y predominaban “en considerable proporción las familias obreras, la vida de sus habitantes, referida a esa clase popular predominante, es mísera, con alimentación y habitación deficiente y escaso grado de comodidad, circunstancias que determinan un constante fenómeno migratorio”.

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