La represión franquista en Fernán Núñez en la posguerra (1939-1943)

Fernán Núñez permaneció en manos republicanas solo una semana tras el golpe de estado del 18 de julio de 1936. El 25 de julio, una columna militar rebelde llegada desde Córdoba y acaudillada por el comandante Manuel Aguilar-Galindo y Aguilar-Galindo tomó la localidad (el episodio puede leerse en este enlace de mi blog). Un mínimo de 53 personas cayeron fusiladas aquel día en la cuneta de la carretera de Córdoba y por lo menos otras 74 serían enviadas a la tumba durante el resto del año en un pueblo que tenía 11.086 habitantes censados. Alrededor de un 15% de la población, tras la entrada de las tropas militares golpistas, huyó para escapar de la represión y se refugió durante los tres años de la contienda en Manzanares (Ciudad Real), Liria (Valencia) y en varios pueblos de la provincia de Jaén. Un buen número de hombres huidos se enroló en la columna Andalucía-Extremadura, de predominio anarquista, creada a mediados de año. En febrero de 1937 se les destinó al sector de Pozoblanco y se integraron en la 88 Brigada Mixta, ya como unidad regular del Ejército republicano. Durante casi toda la guerra, la Brigada ocupó posiciones en la zona cordobesa de Hinojosa del Duque y Belalcázar. Los fernannusenses alistados en las filas republicanas pagaron un enorme tributo de sangre, ya que al menos 54 de ellos encontraron la muerte en los campos de batalla.

4. Milicianos El Alcaparro

Milicianos de Fernán Núñez en el frente de Córdoba, en 1936.

Al desmoronarse los frentes y finalizar la guerra, el 1 de abril de 1939, los soldados republicanos supervivientes y los refugiados emprendieron el camino de regreso desde los pueblos de acogida, los campos de concentración o desde las comisiones clasificadoras de prisioneros y presentados de las distintas provincias. Los que no salieron para el exilio pronto descubrirían que la dictadura, influida por los fascismos triunfantes en Europa, había olvidado el lema de “si no has cometido crímenes no tienes nada que temer” y lo sustituyó por la simple y llana política de la venganza, en acertada definición del historiador Paul Preston. Las condiciones de regreso de los refugiados resultaron lamentables. Volvían hacinados en cualquier medio de locomoción y arrastrando consigo sus pocas pertenencias, en un estado sanitario deplorable. Por ello, el 17 de abril de 1939 el jefe de la Junta Provincial de Sanidad avisaba a la Junta correspondiente de Fernán Núñez de la amplia incidencia de sarna y de otras dermoparasitosis entre los retornados de la zona republicana, e indicaba que se adoptaran las medidas oportunas de aislamiento y desinfección. De acuerdo con las pormenorizadas fichas individuales de huidos que se conservan en el Archivo Histórico Municipal de Fernán Núñez, al finalizar la guerra regresaron al pueblo 440 mujeres, 271 hombres, un número indeterminado de niños menores de 16 años y 688 combatientes que habían luchado en las filas republicanas.

5. Juventudes Libertarias

Miembros de las Juventudes Libertarias. De pie, de izquierda a derecha: Antonio Álvarez Eslava “Patirri”, Juan Toledano Hidalgo y Antonio Castillo Frías (cabo de la 88 Brigada). Agachados, de izquierda a derecha, Juan Montilla Jiménez (sargento de la 88 Brigada) y Francisco Molero Luna (con el periódico Solidaridad Obrera en las manos). Los dos últimos murieron en el frente.

Los retornados a Fernán Núñez debían presentarse ante la Guardia Civil, que en un plazo de ocho días elaboraba un breve dossier sobre los antecedentes, conducta y actividades político sociales del evacuado –antes y después del comienzo de la guerra–, en el que se incluían los informes de la Guardia Civil, las manifestaciones de “tres vecinos intachables” y las denuncias y declaraciones de cuantos quisieran comparecer, que en Fernán Núñez fueron bastantes. Si la información final que se obtenía del primer atestado elaborado por la Guardia Civil era desfavorable, se detenía al evacuado. En Fernán Núñez hemos conseguido identificar a casi todos los cautivos porque en el Archivo Histórico se conserva un tomo de páginas con el nombre de los reos, para el que los represores reutilizaron un antiguo libro de registro de las reses sacrificadas en el matadero, prueba de la consideración que les merecían los detenidos. Tras ingresar en prisión, la justicia militar reiniciaba el proceso contra el encausado. El juez instructor requería a la alcaldía, a la Falange y a la Guardia Civil para que volvieran a informar sobre la actuación del prisionero y para que facilitaran nombres y domicilios de “personas de reconocida solvencia” que pudieran ejercer de testigos o denunciantes en el proceso. Se estableció así una verdadera justicia al revés, en la que los que habían permanecido fieles a la legalidad republicana eran acusados de rebeldes y sentenciados por los propios sublevados.

9. Yuste Álvarez, Alfonso

Alfonso Yuste Álvarez, delegado en el Congreso Provincial de las Juventudes Socialistas Unificadas, celebrado en Pozoblanco el 24 de septiembre de 1936, y comisario político de su compañía durante la guerra civil. Fue condenado a 30 años de cárcel.

Al principio, a los detenidos se les internaba en la cárcel municipal. Con posterioridad, se habilitó como prisión un cine céntrico de Fernán Núñez, donde se amontonaron unos doscientos reclusos, algunos de ellos del vecino pueblo de Montemayor. Los militares que custodiaban el local impidieron en dos ocasiones el asalto de los falangistas, quienes pretendían realizar sacas de prisioneros para tomarse la justicia por su mano. Bajo la cobertura de un régimen totalitario en el que los derechos humanos y las convenciones internacionales sobre el trato a los prisioneros de guerra eran violados, la tortura se convirtió en el método idóneo para castigar y para obtener de los detenidos las confesiones que sus captores querían. Con este objetivo, la Guardia Civil entraba de vez en cuando en la cárcel para apalear y atemorizar a los presos. Nada detenía a los verdugos en su afán de castigar a los internos. Un día, delante de todos los demás reclusos, torturaron a Amor Jiménez García, Pedro Antúnez Luna y Antonio Naranjo Ortega rompiéndoles una silla en la cabeza, a pesar de que los dos últimos eran inválidos. Las palizas, con puños y vergajos, continuaban cuando los reos acudían al cuartel de la Guardia Civil para testificar. Las humillaciones públicas también se aplicaban con frecuencia. En una ocasión sacaron de la cárcel a los concejales de Izquierda Republicana para que con unas pequeñas azadas, que dificultaban su trabajo, limpiaran la hierba que había crecido en el empedrado de la plaza del Ayuntamiento.

10. García Crespo, Andrés

Andrés García Crespo, soldado de la 88 Brigada, condenado a 12 años de cárcel, preso en un batallón de trabajadores en Punta Calea (Vizcaya).

El 1 de octubre de 1939 se realizó un masivo traslado en camiones de 146 reclusos –atados con alambres y esposas– a Montilla, lo que supuso un momento generalizado de angustia para los prisioneros y sus allegados, que desconocían el objeto del viaje. Cuando llegaron a Montilla los internaron en las escuelas del convento de San Luis, donde el hacinamiento obligó a que un gran número de ellos tuviera que dormir en el patio, ya que el recinto albergaba un mínimo de 646 internos. Su manutención era costeada por el Ayuntamiento de Fernán Núñez a razón de 1,15 pesetas por preso y día. Los condenados a 30 años de reclusión salieron para la prisión de El Puerto de Santa María (Cádiz) en septiembre de 1940. A mediados del mes siguiente, los demás reclusos llegaron a las cárceles de Córdoba, convertidas en auténticos campos de exterminio en la posguerra, con cifras de defunciones aterradoras. Según el historiador Francisco Moreno Gómez, aparte de los fusilados, en el año 1941 perecieron allí 502 reclusos, unos por tifus y otros por hambre, pues oficialmente la Dirección General de Seguridad no exigía que se administrara una ración diaria superior a las 800 calorías, cuando una persona inactiva necesita al menos 1.200 para sobrevivir. Como consecuencia de la política carcelaria del franquismo, cinco fernannuñenses encontraron la muerte en la cárcel de Córdoba, dos fallecieron en la prisión de San Juan de Mozarrifar (Zaragoza) y en el Batallón Disciplinario de Soldados Trabajadores de Larache (Maruecos), y otros dos, hermanos, en la cárcel de El Puerto de Santa María.

Como en otros pueblos de la provincia, para atender la instrucción de tantos consejos de guerra se designó juez militar especial de Fernán Núñez a Rafael Moreno Lovera, quien también amplió sus competencias a la vecina localidad de Montemayor. El día 7 de junio de 1939 le sustituyó Vicente Romero Cerrillo, que alternó su trabajo con Ángel Méndez Espejo. Un buen número de fernannuñenses fueron procesados en Montilla, en el Juzgado Militar de Córdoba nº 4 (en el que ejercía de juez militar instructor el capitán de Caballería Antonio Jiménez Jiménez), y en el nº 18 de la misma ciudad (en el que actuaba de capitán juez Cipriano Iglesias Piñeiro). En casi todos los consejos de guerra celebrados contra los fernannuñense en Córdoba intervino de fiscal el abogado Demetrio Carvajal Arrieta, vicepresidente de la Diputación durante la dictadura de Primo de Rivera, y alcalde y jefe local de la Falange en Pozoblanco, tras la toma del pueblo por los franquistas. En 1939 se convirtió en capitán jurídico de la Auditoría de guerra y siempre solicitó condenas muy duras para los procesados. En la posguerra, diez fernannuñenses fueron sentenciados a pena de muerte y fusilados en la localidad, en Montilla, Córdoba y Alicante.

En mi libro La campiña roja. La represión franquista en Fernán Núñez (1936-1943), cuya última edición es de 2009, dedico el capítulo IV entero, titulado “La guerra no ha terminado”, a analizar las múltiples formas de la represión habida en el pueblo durante la posguerra. En el último de sus apartados, “El yugo de la victoria”, se narran de manera pormenorizada algunas de ellas y puede leerse completo en este enlace.

A continuación añado también otros enlaces con los nombres de 702 hombres que lucharon en el Ejército republicano, 54 soldados republicanos que murieron en los frentes de guerra, 252 presos en posguerra, 9 reclusos muertos en las cárceles, 10 fusilados en posguerra y 410 personas que sufrieron expedientes de incautación de bienes y de responsabilidades políticas. Al final, publico unas tablas numéricas de la represión en el pueblo y de cifras globales de la represión en Fernán Núñez, Córdoba, Andalucía y España.

Víctimas mortales de la represión en Fernán Núñez durante la guerra civil

El golpe de estado del 18 de julio de 1936 se materializó en Córdoba a las cinco de la tarde, cuando el coronel Ciriaco Cascajo Ruiz, siguiendo las instrucciones transmitidas por el general Queipo de Llano desde Sevilla, leyó el bando de guerra en el cuartel de Artillería, en medio de la euforia de los terratenientes y derechistas armados que allí se habían congregado para apoyar la insurrección. Entre ellos se encontraban el propietario fernannuñense Juan Cañadas Laguna y el ingeniero madrileño Carlos Inzenga Caramanzana –administrador del duque de Fernán Núñez–, que se convertiría en jefe local de la Falange cordobesa aquel mismo año. Durante la tarde y la noche los militares rebeldes controlaron el gobierno civil, el ayuntamiento y los servicios de correos, telégrafos y telefónica, desde donde llamarían a la rebelión a todos los pueblos de la provincia.

2. Romero Romero, Antonio

Antonio Romero Romero, alcalde de Izquierda Republicana, fusilado el 25 de julio de 1936.

Fernán Núñez, con 11.086 habitantes, era entonces una localidad de la campiña cordobesa con una sólida tradición sindical y uno de los feudos del anarquismo en la provincia. Además, en las elecciones del 16 de febrero de 1936 la candidatura del Frente Popular (Unión Republicana, Izquierda Republicana, PSOE, PCE, etc.) había obtenido una arrolladora victoria, con 3.001 votos, frente a 700 de las derechas. En el pueblo la sublevación militar la encabezó el teniente de la Guardia Civil Cristóbal Recuerda Jiménez, quien en la madrugada del día 19 de julio proclamó el bando de guerra, detuvo al alcalde Antonio Romero Romero (de Izquierda Republicana), clausuró el centro obrero y encarceló a algunos anarquistas, entre ellos al secretario de las Juventudes Libertarias, Antonio Ariza Luna. Las fuerzas opositoras al golpe de estado –entre los que predominaban los anarquistas y en menor medida militantes de Izquierda Republicana y socialistas– respondieron con rapidez, se lanzaron a la búsqueda frenética de armas y consiguieron algunas escopetas de caza y varias pistolas. El día 19 por la mañana, el teniente Cristóbal Recuerda y sus hombres salieron a patrullar, apoyados por escasos derechistas, aunque serían recibidos por disparos en la calle San Sebastián. Debido a sus escasos efectivos, los guardias civiles, después de matar a un hombre que se encontraba guardando un melonar en la carretera Córdoba-Málaga, se vieron impotentes para controlar el pueblo y se recluyeron en el cuartel, situado al lado del palacio ducal, donde también se encontraba la prisión del municipio. Ni siquiera pudieron impedir que, a través de un agujero realizado en la parte de atrás de esta cárcel, un grupo mandado por el comunista Francisco Yuste Cuesta consiguiera rescatar el día 22 a las personas que el teniente Cristóbal Recuerda había apresado en la madrugada del 19.

Para coordinar la respuesta al golpe militar, en Fernán Núñez se creó un Comité formado en su mayoría por anarquistas. El día 23 de julio comenzaron los registros, detenciones y requisas de los bienes de varios derechistas. A algunos los liberaron tras arrebatarles las armas o interrogarlos, pero a otros los recluyeron en una habitación junto al surtidor de gasolina, situado en la carretera de Córdoba. El día 24 los trasladaron a las escuelas de Vilches, en el centro del pueblo, para evitar que pudieran ser liberados si las fuerzas sublevadas de otras localidades intentaban algún ataque. Se realizaron asimismo actos anticlericales, y hubo incendios en la parroquia de Santa Marina de Aguas Santas, la iglesia de la Caridad y la ermita de la Veracruz.

Los guardias civiles permanecían imbatibles en el cuartel desde el 19 de julio, aislados del exterior. Con la finalidad de rendirlos, les disparaban desde las casas y balcones de los alrededores y les cortaron el suministro de víveres, agua, luz y teléfono. A la vez, el Comité esperaba los refuerzos de una columna de mineros, milicianos y guardias de Asalto que desde Jaén había acudido para apoyar a los republicanos de varias localidades cordobesas y que el día 21 había entrado en Espejo. Como la Guardia Civil seguía atrincherada, a las nueve de la mañana del día 24 de julio el Comité envió al cuartel de emisarias a Dorotea García Cuesta y María Antonia Jiménez Alcaide para intentar la rendición de los sitiados a cambio de perdonarles la vida y dejarlos marchar, pero la propuesta no fructificó.

1. Aguilar Galindo, Manuel

El comandante de Artillería Manuel Aguilar-Galindo y Aguilar-Galindo, jefe de las tropas golpistas que tomaron Fernán Núñez en la mañana del día 25 de julio de 1936.

Cuando los militares golpistas controlaron la situación en Córdoba, iniciaron una campaña para asegurarse el dominio de algunos pueblos cercanos. Por ello, al mando del comandante Manuel Aguilar-Galindo y Aguilar-Galindo, en la madrugada del día 25 de julio de 1936 salió desde la capital una columna de coches y camiones con el objetivo de apoderarse de Fernán Núñez. Estaba integrada por legionarios, soldados de Artillería, guardias de Asalto, algunos propietarios agrícolas fernannuñenses y miembros de las juventudes falangistas y de Acción Popular. Iban equipados con ametralladoras, fusiles, morteros y bombas de mano. A la entrada del pueblo se encontraron con dos árboles cruzados en la carretera y una barricada, desde donde los recibieron a tiros. Entre los defensores de la localidad –según los testimonios orales– caerían abatidos al menos cuatro hombres: el anarquista Sebastián Medina Lesmes, un joven libertario en la calle San José, el militante de Izquierda Republicana Juan Pedro Crespo Jaraba en la calle Córdoba y el cenetista Juan Pedro Zamorano Gómez, que fue alcanzado por los disparos de los militares en la calle San Marcos y moriría al día siguiente en la casa del médico Antonio Luna Toledano. La columna golpista consiguió penetrar en Fernán Núñez entre las siete y las ocho de la mañana y liberar del cerco a los guardias civiles. Como respuesta, en plena desbandada de miles de personas hacia los campos y en una situación desesperada y caótica, los guardianes que custodiaban a los presos de derechas internados en las escuelas de Vilches se tomaron la justicia por su mano y mataron a trece de ellos con disparos de escopeta. En total, la represión republicana causó en Fernán Núñez 16 asesinados de derechas –restando a los foráneos, 11 en las escuelas de Vilches y cinco en los cortijos de los alrededores–, cuya identidad se puede leer en este enlace.

Grupo de campesinos de Fernán Núñez, detenido por las fuerzas militares golpistas el día 25, mientras esperan la ejecución en la carretera de Córdoba. La foto fue publicada por el periódico La Voz como tomada en Baena.

Grupo de campesinos de Fernán Núñez, detenidos por las fuerzas militares golpistas el día 25 de julio, mientras esperan la ejecución en la carretera de Córdoba. La foto fue publicada por el periódico La Voz como tomada en Baena.

Como hemos señalado, el comandante Manuel Aguilar-Galindo –uno de los principales artífices de la sublevación del 18 de julio en Córdoba capital– acaudillaba las tropas militares rebeldes que entraron en Fernán Núñez, en las que se integraban efectivos de la Legión, un cuerpo que aplicó estrategias de guerra colonial por los pueblos que iban cayendo en sus manos, con asesinatos indiscriminados, violaciones y rapiñas. Tres días antes, Aguilar-Galindo ya había dejado muy claro cuáles eran sus métodos cuando una columna a sus órdenes se introdujo en el también pueblo cordobés de Pedro Abad. Allí fusiló y quemó con gasolina a 14 vecinos en represalia porque habían muerto 12 presos de derechas cuando sus guardianes los habían acribillado antes de la huida. En Fernán Núñez, la actuación del comandante resultó más desmesurada, de manera que la localidad soportó el triste destino de sufrir el primer fusilamiento masivo de toda la provincia de Córdoba durante la guerra civil, al que a los pocos días seguirían otros episodios fúnebres, con cientos de asesinatos, como los perpetrados por la columna sublevada del coronel Eduardo Sáenz de Buruaga en Baena el 28 de julio y la del comandante Antonio Castejón en Puente Genil el 1 de agosto.

Tras la toma de Fernán Núñez por las fuerzas militares golpistas, el coste humano de la represión resultó enorme. Al menos 53 personas, con nombres y apellidos, cayeron acribilladas el día 25 de julio, día de Santiago, en la cuneta de la carretera; y por lo menos otras 73 fueron enviadas a la tumba durante el resto del año 1936. Los nombres de los 126 asesinados, junto a un relato histórico de los hechos y de las circunstancias de la muerte de algunos de ellos, aparece en el capítulo tercero de mi libro La campiña roja. La represión franquista en Fernán Núñez, cuya última edición es del año 2009. Este capítulo se puede leer en este enlace. Tras la publicación de esta entrada del blog, gracias al testimonio de su nieta Inmaculada Alcaide, en septiembre de 2016 he podido añadir un nombre más a la lista de asesinados en Fernán Núñez, el de su abuela Juana María Requena Zafra. Se negó a huir del pueblo, como habían hecho sus hermanos, de ideología izquierdista, pues consideraba que “no había hecho nada malo”. Fueron a por ella por la noche, cuando ya tenía a sus cuatro hijos acostados. La familia solo sabe que la fusilaron en un cruce de caminos. Los hijos fueron separados y resguardados por los vecinos hasta que el padre regresó al domicilio, pues estaba trabajando de jornalero en un cortijo.

Marina Pintor

El 11 de enero de 2009, cuando la entrevisté, Marina sostiene la foto de su padre, Antonio Pintor Marín, fusilado el 16 de agosto de 1936. Nadie imaginaba que tres años después podría recuperar sus restos de una fosa común y darles una sepultura digna en el cementerio de Fernán Núñez.

Fernán Núñez ha sido de los pocos pueblos de Córdoba que recientemente ha podido extraer de las fosas comunes y enterrar dignamente a algunos de sus vecinos asesinados durante la guerra civil. En septiembre de 2012, los cadáveres de cinco fernannuñenses se exhumaron de la fosa común del cementerio del cercano pueblo de Aguilar de la Frontera, adonde habían sido trasladados y fusilados el 16 de agosto de 1936. Los cuerpos recuperados corresponden a Antonio Pintor Marín (presidente de la agrupación local del PSOE), Teodomiro Villalba Velasco, Alfonsa Galán Luna, Fernando Valle Luque y su esposa María Antonia Jiménez Alcaide, embarazada de cinco meses. La labor de exhumación la realizó AREMEHISA, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Aguilar de la Frontera. Esta misma asociación ha iniciado a finales de agosto de 2015 los trabajos para la localización de los restos de otros ocho vecinos de Fernán Núñez. Todos eran miembros de una familia apodada Los Carboneros y trabajaban en el cortijo de Villafranquilla, que tenían arrendado. En la masacre colectiva cayeron asesinados, el 16 de septiembre de 1936, Manuel Torres Herrera, Manuel Galindo Moriana, Manuel Torres Romero, Juan Antonio Marín Sojo, Antonio Marín Lomares “Marcelino”, José Rodríguez Gil y su hijo José Rodríguez, pero solo tres de ellos aparecen inscritos en el Registro Civil como fallecidos. Sobrevivieron al fusilamiento Manuel Torres Romero (al que descubrieron y remataron) y Antonio Marín Torres, quien con una herida en la cara se hizo el muerto entre los cadáveres y consiguió llegar a Fernán Núñez para esconderse. Sus cuerpos, al parecer, reposan en la fosa común del cementerio de Guadalcázar, donde en este momento se están realizando las labores de búsqueda. Una noticia sobre este hecho se puede leer en este artículo de Eldiario.es.

FOTOS DE VÍCTIMAS MORTALES DE LA REPRESIÓN FRANQUISTA

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José Frías Collado, de Izquierda Republicana, fusilado el 25 de julio de 1936. En la fotografía aparece con su mujer y su hijo Julián Frías Pozo.

El camarero Benjamín Ansio Rídez, de 17 años, asesinado el 25 de julio de 1936.

El camarero Benjamín Ansio Rídez, de 17 años, asesinado el 25 de julio de 1936.

El vaquero Gonzalo Ansio Rídez, de 19 años, asesinado el 25 de julio de 1936.

El vaquero Gonzalo Ansio Rídez, de 19 años, asesinado el 25 de julio de 1936.

El corredor de fincas Gonzalo Ansio Crespo, de 57 años, fusilado en Córdoba el 28 de octubre de 1936.

El corredor de fincas Gonzalo Ansio Crespo (padre de los dos anteriores), de 57 años, fusilado en Córdoba el 28 de octubre de 1936.

El matrimonio Fernando Valle Luque, de 42 años, y Mª Antonia Jiménez Alcaide “La Fina”, de 41 años, embarazada de 5 meses, fusilados el 16 de agosto de 1936 en las proximidades de Aguilar de la Frontera.

Mª Antonia Jiménez Alcaide “La Fina”, de 41 años, embarazada de 5 meses, fusilada junto a su marido (foto de abajo) el 16 de agosto de 1936 en Aguilar de la Frontera.

El matrimonio Fernando Valle Luque, de 42 años, y Mª Antonia Jiménez Alcaide “La Fina”, de 41 años, embarazada de 5 meses, fusilados el 16 de agosto de 1936 en las proximidades de Aguilar de la Frontera.

Fernando Valle Luque, de 42 años, fusilado junto a su esposa (foto de arriba) el 16 de agosto de 1936 en Aguilar de la Frontera.

El chófer Antonio Pintor Marín, de 43 años, presidente de la agrupación local del PSOE, fusilado el 16 de agosto de 1936 en Las Salinas (Aguilar de la Frontera).

El chófer Antonio Pintor Marín, de 43 años, presidente de la agrupación local del PSOE, fusilado el 16 de agosto de 1936 en Aguilar de la Frontera.

6. González Carmona, Francisco

El anarquista Francisco González Carmona, fusilado el 3 de septiembre de 1936

Antonio Bascón Sillero, natural de Montalbán, de 51 años, asesinado el 1 de octubre de 1936 en la carretera de Córdoba (está inscrito en el Registro Civil de Fernán Núñez).

Antonio Bascón Sillero, natural de Montalbán, de 51 años, asesinado el 1 de octubre de 1936 en la carretera de Córdoba (está inscrito en el Registro Civil de Fernán Núñez).

Juan Gómez Eslava, de 35 años, encargado del cortijo El Viento, fue fusilado el 16 de octubre de 1936 en el cementerio de San Rafael de Córdoba.

Juan Gómez Eslava, de 35 años, encargado del cortijo El Viento, fue fusilado el 16 de octubre de 1936 en el cementerio de San Rafael de Córdoba.

El agricultor Luis Raya Luque, de 41 años, asesinado el 14 de agosto de 1936 en la cuesta de los Visos.

El agricultor Luis Raya Luque, de 41 años, fusilado el 14 de agosto de 1936 en la cuesta de los Visos.

Antonio Cañero Yuste, fusilado el 30 de julio de 1936.

 

 

FOTOS DE VÍCTIMAS MORTALES DE LA REPRESIÓN REPUBLICANA

Justo Moreno Luque, coadjutor de Montemayor, asesinado en las escuelas de Vilches.

Justo Moreno Luque, de 53 años, coadjutor de la parroquia de Montemayor, asesinado en las escuelas de Vilches el 25 de julio de 1936.

Rafael Reyes Moreno, sacerdote de la parroquia de Santa Marina, asesinado en las escuelas de Vilches.

Rafael Reyes Moreno, de 48 años, sacerdote de la parroquia de Santa Marina, asesinado en las escuelas de Vilches el 25 de julio de 1936.