Acerca de arcangelbedmar

Nací en Torrequebradilla (Jaén), soy licenciado en Historia Contemporánea por la Universidad de Granada y trabajo de profesor en el instituto Juan de Aréjula de Lucena (Córdoba). He publicado libros sobre la guerra y la represión franquista en las localidades cordobesas de Lucena, Montilla, Fernán Núñez, Rute y Baena, y he realizado investigaciones sobre estas temáticas en los pueblos de Montemayor e Iznájar. Desde 2003 a 2011 he coordinado las Jornadas de Historia sobre “Memoria y olvido sobre la Guerra Civil y la represión franquista”, organizadas por la Concejalía de Cultura y Patrimonio del Ayuntamiento de Lucena. Soy historiador colaborador del proyecto Todos los Nombres (base de datos de represaliados por el franquismo para su consulta por Internet). También sobre la República, la guerra civil y el primer franquismo ha escrito artículos en revistas y libros, y he impartido conferencias en diversas jornadas y congresos.

Caridad y obras públicas en Lucena en 1927

Antonio Víbora Blancas, jefe de la Unión Patriótica en Lucena en 1927.

El 11 de septiembre de 1923 Miguel Primo de Rivera, capitán general de Cataluña, dio un golpe de Estado contra el gobierno constitucional e instauró una dictadura, inspirada en el fascismo italiano, que pervivió hasta más allá de su dimisión el 30 de enero de 1930. Durante su mandato se creó un partido único de derechas, la Unión Patriótica, sin un programa definido y con la única función de servir de soporte social al gobierno. La dictadura se aprovechó de la buena coyuntura económica internacional de los años veinte y además, para financiar las arcas del Estado, recurrió a la emisión masiva de deuda pública, los presupuestos extraordinarios y los empréstitos, lo que le permitió disponer de fondos para desarrollar un programa de fomento de la economía y de las infraestructuras públicas que también alcanzó a Lucena.

Rafael Linares Montilla, alcalde de Lucena en 1927.

Durante el mandato de Rafael Linares Montilla como alcalde de Lucena, el 30 de noviembre de 1927 la revista Actualidades, editada en Córdoba, publicó un largo reportaje sobre la ciudad. Lo encabezaba con el título de “De la España que nace. Las rutas de las actualidades. Lucena”. En sus páginas, defensoras de la dictadura de Primo de Rivera, aparecían de manera propagandística y con profusión de datos y fotos las labores que realizaban en aquel momento la asociación Caridad y Patriotismo y el Ayuntamiento de Lucena. La asociación Caridad y Patriotismo dependía de la Unión Patriótica, que en ese momento estaba presidida por el abogado y propietario Antonio Víbora Blancas, futuro alcalde desde el 22 de diciembre. La asociación se dedicaba a labores benéficas y asistenciales como la protección a la infancia, comedores populares, asistencia sanitaria, actividades de enseñanza, etc. Su referente espiritual era el lucentino fray Alonso de Jesús Ortega, general vitalicio de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, fundador y restaurador de 61 hospitales en Europa y América durante el siglo XVIII.

El comedor popular de Lucena.

En 1927 las dos actividades más importantes de Caridad y Patriotismo en Lucena eran, por un lado, la cocina y los comedores populares y, por otro, la gota de leche. Estos organismos se situaban en el palacio ducal de Medinaceli —una propiedad adquirida por el Ayuntamiento dos años antes a los duques de Híjar—, que se proyectaba derribar en parte para convertirla en aulas escolares y en una plaza de abastos. En el comedor se repartían a diario setecientas raciones de comida a precios rebajados. La ración de caldo costaba cinco céntimos, la de cocido sin carne 55 (30 con ella y tocino), el kilo de pan valía 55 céntimos y se vendían al costo el aceite, el jabón y otros productos en una época en la que el sueldo diario de un jornalero rondaba las tres pesetas (166,386 pesetas equivalen a un euro). El comedor, aparte de ofrecer raciones de comida a precios asequibles, evitaba las muertes por hambre que habían sido tan frecuentes en años anteriores entre la población lucentina. De la cocina y los comedores populares dependía la gota de leche, donde se expendían latas de leche condensada a 1,40 pesetas que podían ser adquiridas por los más necesitados para la alimentación infantil con una rebaja de 35 céntimos. Al frente del despacho de la gota de leche se hallaban a diario los concejales Juan Molina Arévalo, José Serrano Rivera y Francisco Algar Plaza.

La revista Actualidades exaltaba “la intervención de la mujer en toda esta obra” de la asociación Caridad y Patriotismo, señalando que “las lucentinas, todo amor y caridad, contribuyen con su trabajo y personal asistencia a realizar estas obras de misericordia. Acuden, y sirven en el Comedor de Caridad y en todo momento se las encuentra dispuestas para contribuir a estas manifestaciones caritativas y nobles”. El Apostolado de Damas, una organización de mujeres católicas de clase acomodada, se encargaba de prestar su ayuda tanto en la cocina como en el comedor popular.

Sala de operaciones de la Casa de Socorro.

En el campo de la atención médica y sanitaria, uno de los servicios municipales que existían en Lucena y aún no en Córdoba era la farmacia municipal. Funcionaba desde el 24 de abril de 1926, regentada por el farmacéutico Jesús Sánchez Diezma y el auxiliar Fernando Flores Alba, que ocupaban su puesto por concurso. La farmacia ofrecía medicinas a los más necesitados de manera gratuita o a precios rebajados, y además albergaba un laboratorio para análisis clínicos. También, unos meses antes de la farmacia, el 25 de julio de 1925, se había creado la Casa de Socorro. Contaba con sala de espera, de cura y operaciones, autoclave (esterilizador), aparatos, horno de cremación, despachos para los médicos y dos habitaciones en el piso alto para ingresar a los enfermos que no podían ser trasladados. La Casa de Socorro estaba atendida por el médico director Aurelio Amaro Pérez, los médicos titulares Juan Ruiz de Castroviejo, Joaquín Montilla y José Vázquez, y los practicantes Francisco Hurtado Calvillo y José Morillo Ruiz.

Depósito en construcción para recibir el caudal de agua de Cañada de Cartas.

Las labores de construcción de saneamientos proliferaron en el año 1927 en Lucena. En el mes de septiembre se terminaron las obras de alcantarillado general, que alcanzó una longitud total de 17.000 metros. Para su construcción se emplearon a miles de obreros, lo que palió en parte la situación de paro crónico que sufría buena parte de los trabajadores lucentinos. A la vez que el alcantarillado, se acometió la construcción de tuberías conductoras de agua desde Cañada de Cartas, un yacimiento recientemente descubierto en las estribaciones de la Sierra de Aras. Por ello, las obras de pavimentación de calles estaban detenidas en aquel momento, a la espera de la instalación subterránea de 17.000 metros de tuberías de agua potable. Aun así, se estaban adoquinando uno de los sectores de la Ronda, el sector de la carretera de Córdoba a la salida del pueblo, y se andaba construyendo una nueva carretera desde Las Fontanillas a la estación ferroviaria con intención de asfaltarla. En el ayuntamiento se edificaron dos dependencias de nueva planta y un patio con ornamentaciones de mosaicos, y había un proyecto para levantar al año siguiente nuevas dependencias con destino a oficinas. Por último, se repobló de arboleda el antiguo Paseo Viejo.

Explanada exterior del cementerio en obras para convertirla en jardín.

Una de las obras más importantes de remodelación de espacios públicos lucentinos se acometió durante el verano de 1927, por cientos de obreros, en el cementerio de Nuestra Señora de Araceli, al que se dotó de luz eléctrica. Se pretendía además convertir su explanada exterior en un jardín, cercada por árboles y asientos, y diseñar calles de entrada y salida para carruajes. Además, se construyeron de nueva planta casas para el capellán y el guarda, y una nueva capilla. Dentro del camposanto, la iniciativa más relevante consistió en el saneamiento del subsuelo y en un dragado de tres metros y medio de profundidad. La fosa común, donde se realizaban los enterramiento sin caja por los más humildes, desapareció y se sustituyó por cientos de bovedillas individuales de cemento para “que los pobres de solemnidad descansen en sueño eterno sin diferencias con los pudientes”, según relataba la revista Actualidades.

En el ámbito educativo y cultural, en 1927 se crearon, equipadas “con material pedagógico novísimo”, dos nuevas escuelas en locales cedidos por el propietario agrícola Antonio Córdoba Cabeza en la aldea de Las Navas del Selpillar. Asimismo, la asociación Caridad y Patriotismo tenía organizado por los numerosos cortijos de la zona un servicio de enseñanza itinerante a cargo de maestros subvencionados por el Ayuntamiento y existía una biblioteca popular ambulante para uso de todo el vecindario. En cuanto a instituciones artísticas, el Coro Lucentino, dirigido por el profesor de piano Rafael Mata Varo, era la más importante, pues contaba con más de cien afiliados mayores y menores de edad.

Reparto de raciones de comida a los pobres en la Cocina popular, presenciado por las voluntarias del Apostolado de Damas y los concejales.

Una de las calles de Lucena (posiblemente Mediabarba) antes de su arreglo.

Una de las calles de Lucena arregladas (posiblemente Arévalo). Se observa el acerado, el pavimento y la hilera de árboles a ambos lados.

 

Interior de uno de los dos grandes depósitos, construido al Este de Lucena, para recibir las aguas de los caudales de doña Elvira Casas Cabello y Cañadas de Cartas.

Depósito depurador, fosa séptica y campo bacterial construido al Norte de Lucena.

Obras de construcción de grupos cuadrados de bovedillas en el cementerio.

Descubrimiento de un pozo cegado con cadáveres en el lugar de construcción de bovedillas para los pobres en el cementerio.

Vista exterior de la capilla del cementerio.